La quema de una mañana de verano.
En una vieja novela rusa, las cartas servirían para alimentar el fuego
en una noche de invierno. Jamás para arder en el jardín, rociadas con aceite, una mañana de verano.
Pero en la sórdida realidad del mundo en que vivimos, personas empapadas en sudor
queman cartas por la mañana, y en verano. En este mundo, uno no puede guiarse por sus
preferencias. Hay cosas que no pueden esperar hasta el invierno....
Hakuri Murakami (2001) Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
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