jueves, 3 de enero de 2013

Amuse bouche. Impresiones


En cuanto la voz se apagó y dejó de exigirme atención y confianza, tuve conciencia de la insinceridad básica de todo lo que había dicho. Y me sentí incomodo, como si toda la velada hubiera sido una trampa para extraer de mí una contribución sentimental.
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Era una de esas raras sonrisas capaces de tranquilizarnos para toda la eternidad, que sólo encontramos cuatro o cinco veces en la vida. Aquella sonrisa ofrecía – o parecía ofrecerse – al mundo entero y eterno, para luego concentrarse exclusivamente en ti, con una irresistible predisposición a tu favor.
 
F. Scott Fitzgerald (1925). El gran Gatsby

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