jueves, 3 de enero de 2013

Amuse bouche. Tom


Era un hombre de treinta años, fuerte, rubio como una paja, con un rictus de dureza en la boca y aires de suficiencia. Los ojos, brillantes de arrogancia, dominaban su cara y le daban aspecto de estar echado agresivamente hacia delante, siempre. Ni la elegancia ostentosa y afeminada del traje de montar lograba ocultar el enorme vigor de ese cuerpo. Era un cuerpo capaz de desarrollar una fuerza enorme: un cuerpo cruel. Cuando hablaba, su voz de tenor, ronca y bronca, aumentaba la impresión de displicencia que transmitía. Aquella voz tenía un dejo de desprecio paternal, incluso hacia la gente que le caía simpática – Bueno, no vayas a pensar que mi opinión es definitiva- parecida decir –sólo porque sea más fuerte y más hombres que tu-. Otra vez me vino a los labios una disculpa. Ante las demostraciones de suficiencia absoluta casi siempre me rindo anonadado.


F. Scott Fitzgerald (1925). El gran Gatsby

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