jueves, 3 de enero de 2013

Amuse bouche. Una mujer romántica

Empezaba a gustarme Nueva York, la sensación nocturna de aventura y riesgo, el placer que el constante fluctuar de hombres, mujeres y vehículos procuraban a la mirada inquieta. Me gustaba pasear por la Quinta Avenida y elegir a alguna mujer romántica entre la multitud e imaginar que, en cinco minutos, yo entraría a su vida, y que nunca lo sabría nadie ni nadie lo desaprobaría. A veces, en mi imaginación, la seguía hasta su apartamento, en la esquina de alguna calle escondida, y se volvía y me sonría antes de cruzar una puerta y desvanecerse en el calor y la oscuridad. En el crepúsculo encantado de la metrópolis algunos días la soledad se volvía obsesiva, e incluso la sentía en otros


F. Scott Fitzgerald (1925). El gran Gatsby

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