F. Scott
Fitzgerald (1925). El gran Gatsby
jueves, 3 de enero de 2013
Amuse bouche. Una mujer romántica
Empezaba
a gustarme Nueva York, la sensación nocturna de aventura y riesgo, el placer
que el constante fluctuar de hombres, mujeres y vehículos procuraban a la mirada
inquieta. Me gustaba pasear por la Quinta Avenida y elegir a alguna mujer romántica
entre la multitud e imaginar que, en cinco minutos, yo entraría a su vida, y
que nunca lo sabría nadie ni nadie lo desaprobaría. A veces, en mi imaginación,
la seguía hasta su apartamento, en la esquina de alguna calle escondida, y se volvía
y me sonría antes de cruzar una puerta y desvanecerse en el calor y la
oscuridad. En el crepúsculo encantado de la metrópolis algunos días la soledad
se volvía obsesiva, e incluso la sentía en otros
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